lunes, 28 de julio de 2014

El aeropuerto del adiós

Hace unos días me tocó vivir un episodio difícil, de esos que hacen reflexionar. Un buen amigo; uno con el que viví alegrías y tristezas, con quien compartí éxitos y lloré fracasos y que sabía que estaba en las buenas y en las que no lo eran tanto, decidió partir. Llenó un par de maletas con su ropa, zapatos y otros objetos personales y se llevó a otras tierras sus sueños, sus metas e ilusiones, la esperanza de una mejor vida y la de un futuro en el que no se atraviese una bala. Se hartó de la “sensación” de inseguridad, de los sueldos miserables y de un control de cambio asfixiante y se fue a poner su talento e inteligencia a disposición del PIB de otra nación. El país perdió a otro venezolano valioso, mientras los que no sirven para nada, excepto para robar o mal vivir, se multiplican cual Gremlins al mojarse con el agua.

Decidí no acompañarlo al aeropuerto. Las despedidas no me gustan, en absoluto. Siempre prefiero el abrazo sincero entre dos, que el bullicio y los ecos del llanto y los lamentos colectivos. Su madre, hermana, tías y primos fueron a despedirlo. ¿El escenario? El Aeropuerto Internacional de Maiquetía Simón Bolívar, el terminal del adiós. Creo que si sus paredes pudiesen hablar, de seguro contarían miles de historias desgarradoras. Las de hombres y mujeres que a pesar de amar a este país tomaron la difícil decisión de abandonarlo, de buscar tierras seguras o mejores oportunidades. Podrían hablar del llanto de muchas madres. Del dolor de desprenderse de un ser querido. De la separación temporal de algunas parejas. También de la esperanza. De la tranquilidad que implica saber que a quien despides llegará a un país donde la noche no es sinónimo de toque de queda, ni el sacar el celular en la calle garantía de que te roben. Miles de historias podrían narrar esos pasillos.

Algunas personas critican a quienes toman la decisión de emigrar. A veces lo hacen desde sus posiciones de comodidad que no les permiten entender los motivos que puede tener alguien para marcharse. Si tienes carro y casa, no entiendes lo difícil que hoy es ese tema para el común de los venezolanos entre 20 y 30 años. Pero no solo se trata de lo material. Lo que los venezolanos vivimos en materia de inseguridad no tiene nombre y menos lo tiene el que nuestros gobernantes de pacotilla se preocupen más por los muertos en Gaza que por los que caen en todas las ciudades de este país a manos del hampa. Es triste que de Venezuela se está marchando la gente más valiosa, la más talentosa, la que puede generar empleo. Por Maiquetía, a diario, se escapa nuestro futuro, la gente con ideas innovadoras y ante esta realidad y en este contexto, estoy convencido de algo. Esos venezolanos geniales le quedan grandes a un país que día a día se sumerge más y más en una vorágine de colas y miseria. Son demasiado grandes para seguir viviendo este infortunio.

Duele saber que lo mejor de este país se nos escapa por Maiquetía en medio de las tristezas propias de las despedidas. Da angustia saber que las colas en las universidades y en los ministerios son gigantescas para legalizar documentos. El capital humano de Venezuela está huyendo del desastre. Está abandonando un barco que irremediablemente se hunde. ¿Los podemos llamar apátridas? No. Son tan venezolanos como nosotros. Venezolanos que sueñan en grande y realistas. Son venezolanos que saben que los sueños no se limitan y que mientras estén aquí, el límite está casi al ras del suelo.

Mi amigo es un desconocido para todos ustedes, pero es posible que muchos se identifiquen con su perfil, tal vez porque les tocó despedir en Maiquetía a alguien similar. Un venezolano de 30 años, profesional, inteligente, con metas, sueños y talento para lograrlo todo, atrapado en un país donde no hay ni carros nuevos para comprar y un buen par de zapatos te puede costar un sueldo completo. Con un ánimo emprendedor gigantesco y con la posibilidad de crear una empresa fuera de Venezuela. Como él, cientos, miles. Como él, tal vez muchos conocidos de ustedes, amigos lectores, despedidos en el aeropuerto de Maiquetía.

Irse del lugar que te vio nacer no es una decisión fácil. Es una medida ruda, sobre todo cuando solo te llevas tus títulos y sueños y dejas atrás a todos tus afectos, las calles donde viviste tus amores, las discos donde te divertías con tus amigos o los cafés en los que tantas tardes pasaste. Las lágrimas tras esas despedidas en Maiquetía forman parte del legado de Chávez y del que está dejando su sucesor. Para los que se han ido y los que se van, mis respetos, para todos. Me gustaría que la clase gobernante entendiera que están perdiendo a lo mejor de Venezuela, pero sé que no les importa, es más, estoy convencido que les estorban. Sé que me tocarán más de estas despedidas, más de esas caras compungidas y esos llantos ahogados. Sigo escuchando a muchos amigos hablar con más y más seriedad del tema y mientras tanto, yo sigo pensando en mi salida y casi estoy seguro que más tarde que temprano, me tocará partir por Maiquetía, el aeropuerto del adiós.

Daniel González González

@GonzalezGDaniel

domingo, 27 de julio de 2014

¿Control de cambio o control de vida?

Todavía hay quienes dicen algo como: “a mí no me afecta el control de cambio, yo no viajo”. Una frase como esa resume dos cosas. Por un lado, ignorancia supina respecto a un tema básico y por otro, una mente estrecha donde solo germinan las ideas sembradas desde los medios públicos.

Más de once años tenemos los venezolanos sobreviviendo a un cada vez más estricto control de cambio, que ha mutado de un solo tipo de cambio a un mix de ellos, todos ineficientes. Lo cierto es que hoy, el control de cambio es más criollo que la arepa en el desayuno. Es como la octava bandera de la bandera o una rama de araguaney, nuestro árbol nacional. En Venezuela, para esos que dicen que el control de cambio no los afecta, les cuento que se respira, se come y se duerme con control de cambio.

Venezuela está lejos de ser la potencia independiente en la que, según, algunos han querido convertirla. No hay industria en el país que no se vea afectada por el cierre del chorro de divisas. Hasta en los casos donde la materia prima sea 100% nacional, lo más probable es que la máquina que interviene en el proceso productivo no lo sea. ¿Y qué pasa si la máquina se daña? Una de las tantas cosas que puede pasar es que el repuesto no se fabrique en el país. Por lo que para conseguirlo, se necesitan dólares y mientras el repuesto no llega porque el Cencoex ni aprueba ni liquida los billetes verdes, está una máquina dejando de producir. Esto se traduce en una máquina parada y por ende, disminución de oferta de ese bien. Ausencia en anaqueles del producto y finalmente escasez. No puedo dejar por fuera la larga cola. Esto es apenas un vértice de este polígono de mil lados.

Cuando un venezolano quiere viajar al exterior, siente aún más el control del Estado sobre su vida. Aparte de que en los últimos años la cantidad de dólares a ser asignados se ha reducido drásticamente, el Estado, el rector de tu vida y tus viajes, te dice cuánto te va a asignar dependiendo del destino y duración de tu periplo, no tomando en cuenta tus necesidades, sino el simple hecho de que para ellos no es lo mismo ir a Colombia que a Dubai. Pero a la tortura que ya significaba el hecho de solicitar tus divisas, de acuerdo a los criterios establecidos, hoy parece más fácil conseguir una audiencia con el Sumo Pontífice que un boleto aéreo a algún destino internacional. El gobierno, irresponsable como siempre, dice que a las aerolíneas no les debe nada, que ellas han cobrado por todos sus servicios. Lo último es cierto, solo que han cobrado en una moneda que no vale nada ni en Venezuela. Lo que no es cierto es que no se les deba nada. Estas empresas deben convertir lo que cobran aquí en bolívares, en dólares y el gobierno tiene frenado eso. Pero el infortunio no llega hasta allí. Al regresar al país, puedes ser llamado al Cencoex a demostrar el “uso correcto” de las divisas que tú compraste con tu dinero, porque no es que te las regalan y mientras, los venezolanos aún no sabemos el nombre de las empresas de maletín que estafaron al país.

Pero esto no es todo. El control de cambio se ha convertido en un importante extorsionador político. No es un secreto para nadie lo que ocurre con los medios impresos de este país que no tienen una línea editorial pro gobierno. Como estos no tienen una concesión que pueden “retirar” como lo hicieron con RCTV, se han valido entonces del control de cambio para asfixiarlos con el tema del papel. El papel sobre el que se imprime no está en Venezuela, los medios deben importarlo y para hacerlo deben pasar por la estructura burocrática impuesta por el gobierno para tal fin. Con no aprobar durante mucho tiempo y en la medida en que los inventarios de los periódicos caen, la presión aumenta. Lo que no entienden los que piensan que el control de cambio no los afecta, es que cualquiera puede tener un amigo o familiar periodista, camarógrafo o de cualquier otra profesión u oficio que trabaje en alguno de estos medios.

El gobierno lo confesó esta semana. Lo dijo Aristóbulo Istúriz sin tapujos. El control de cambio no es una medida económica, es política y dijo algo que es cierto y que siempre he pensado. Mientras ellos gobiernen tendremos control de cambio. ¿Y qué significa eso? Que mientras ellos gobiernen nuestras vidas, a través de ese control, la economía no mejorará. Seguiremos con nuestra inflación cerca del cielo, nuestra escasez más criolla que el joropo y un grupete de estafadores aprovechándose de los controles.


Daniel González González.

martes, 1 de julio de 2014

Un cumpleaños en la Colonia Tovar

Recuerdo todo como si hubiese ocurrido ayer. Días antes del 19 de marzo, día de tu cumple 23, me dijiste que querías hacer algo distinto. ¿Distinto como qué?, pregunté. Distinto, pues, respondiste. Barajé opciones. Querías ir a Mérida, pero era un viaje largo y yo estaba full de trabajo. Después de evaluar y evaluar, te presenté la opción ganadora. Un viaje de dos días a la Colonia Tovar. El hotel Selva Negra esperaba por los dos.
Llegamos a la Colonia Tovar el martes por la tarde y mientras subíamos por las empinadas montañas aragüeñas no dejaste de fotografiar el paisaje, ni de maravillarte por los cerros que tanto amabas. Estabas emocionado. Siempre lo dejaste claro. Eras más de montañas que de playa. En las montañas te sentías bien, cómodo, cool. El hotel te encantó. No puedo olvidar tu cara de alegría en la medida en que te acercabas a esa infraestructura que hasta ese momento desconocías. Nos registramos, dejamos las cosas en la habitación y fuimos a comer. El célebre café Muhstal, ese muy cerquita de la iglesia del pueblo, esperaba por nosotros. Ambos comimos al estilo alemán –sin rodilla- y disfrutamos nuestros platos con una Zulia. En ese momento no sabíamos que el destino nos estaba esperando para separarnos para siempre unos meses después.

Llegó el 19. Fue miércoles. Para variar despertaste tardísimo. Salimos a almorzar y a ver que opciones teníamos para disfrutar el día. No sabías que comer y terminamos comiendo perros calientes con salchicha alemana y jugo de fresas y cuando pasamos por la oficina turística, al lado de la iglesia, la chica nos informó que por la hora y por ser día de semana, nuestras opciones de distracción eran muy pocas. Te decepcionaste un poco y te entendí. Amabas conocer cosas y lugares nuevos. Regresamos al hotel y al rato, salí a buscar un pastel para celebrar el gran día, tu cumpleaños.

La Colonia Tovar está llena de sitios donde venden cosas muy ricas, pero particularmente ese día, no encontré un postre que se adaptara a la necesidad. Habías dejado claro que querías algo de chocolate. Finalmente, en una dulcería cercana al Selva Negra, conseguí, por trozos, una torta de chocolate que se veía exquisita y en efecto, lo estaba. Compré un par de trozos y luego me fui al abasto a comprar las velas. Cuando volví a la habitación, cantamos cumpleaños y como cosa rara, tomaste una foto de los trozos de torta y la subiste a tu Instagram. En la noche cenamos en el restaurant del hotel. ¿Sabes? Fui feliz de tenerte esos dos días a mi lado, porque a pesar de las cosas, decidiste pasar esa fecha importante solo conmigo. Al día siguiente, pasado el mediodía y luego de buscar detallitos para Angely, Nadia y Carmen, regresamos a Caracas y entre los planes, estaba otro viaje, a Mérida, ese que tanto querías hacer y que apenas el fin de semana antes de tu adiós, habíamos cuadrado para julio.


Quiero decirte que te he escrito muchas cosas. Unas las leíste mientras vivías y nos alegrabas con tu sonrisa, otras, simplemente no tuviste chance de verlas. Y te escribo porque me siento en deuda contigo. Recuerdo cuando el año pasado me dijiste una noche, mientras esperábamos para cenar en La Castellana, que debería escribir sobre nosotros. Te escribí cosas cortas como ese Mientras dormía que te envié y le diste fav en Twitter, pero nunca me senté a escribir sobre los dos, bueno, excepto con la carta que envié al concurso este año, que demás está decir, suspendieron. Le regalo ahora a tu memoria, pequeño Wasowski, estas cortas líneas del que creo fue un feliz cumpleaños para ti, diciéndote que te quise como tal vez nunca creíste y que en mis sueños, siempre estoy contigo en la Colonia Tovar, no despidiéndonos, viviendo. No pienses que soy un tonto, solo soy alguien que te quiere aunque ya no estés aquí y esta es mi forma de llevar esta pérdida que no sabes como me ha dolido.

Daniel González G.

lunes, 9 de junio de 2014

6 frases desafortunadas frases del chavismo

Si por frases infelices dieran premios así como dan Oscars a las mejores películas, el chavismo no tendría competencia y arrasaría con todas las estatuillas. Cuando Rafael Ramírez dijo hace algunos días eso de que las aerolíneas no se estaban yendo del país, sino desviando aviones a Brasil a propósito del Mundial de fútbol, pensé lo mismo que muchos –y por grotesco me reservo el pensamiento-. Pero si se hace una especie de inventario, la “trascendente” oración del ministro de Energía y Petróleo del país no es nueva y tampoco está sola en el universo de frases desafortunadas del gobierno. El chavismo, como un todo, acumula una lista de frases que pasarán a la historia de este país y no precisamente por inteligentes, correctas o acertadas.


Si hacemos memoria, las frases desafortunadas las inauguró el fallecido presidente Chávez y no me refiero a esa de freír la cabeza de los adecos y si hago esto a modo de concurso de televisión, debería escribir algo así como: y las nominadas son. “Si yo fuera pobre, también robaría”. Esta frase fue transmitida en cadena nacional de radio y televisión por quien se inauguraba en 1999 como presidente constitucional de la República. Semejante oración en voz del “máximo” líder del país parece que nos ha llevado a una vorágine incontenible de violencia criminal. Hoy parece haber más malandros en las calles que leche en el supermercado.

La siguiente frase es “todo está excesivamente normal”. Esta fue pronunciada por José Vicente Rangel durante los aciagos días de 2002, en que se paralizó la industria petrolera nacional y los venezolanos tenían que hacer largas colas, entre otras cosas, para abastecer sus autos de gasolina. El clima político era de una tensión que no se recordaba en mucho tiempo, pero para quien era vicepresidente en ese entonces, todo estaba así, excesivamente normal.

La próxima nominada sería "no es que vamos a sacar a la gente de la pobreza para llevarlas a la clase media y que pretendan ser escuálidos" y su autoría corresponde al ministro para la Educación, Héctor Rodríguez. Lo insólito de esta frase no fue la frase en sí, sino el silencio de a quienes les dijeron que no tenían la menor intención de sacarlos de su situación de carencias. Su silencio fue absoluto, sepulcral. Una frase que desnudó al chavismo en toda su miseria, pero que a los “pobres” no los llamó a reflexión.

La cuarta frase desafortunada corresponde al ministro Félix Osorio, quien ante las molestias generadas por las infinitas colas para comprar alimentos en el país, no se le ocurrió otra cosa que decir: “aquí se hace cola para todo. Para ir a conciertos, al cine, al banco, pero critican las colas para comprar alimentos”. Este señor olvida que las colas para comprar alimentos no eran tradición en este país. Este ministro no recuerda que antes de esto que llaman revolución, para comprar alimentos en Venezuela no se hacían colas y que no es lo mismo hacer una cola de escasos minutos para entrar a ver una película, que hacer una cola de horas bajo el sol para comprar un kilo de algo.

Otra que no tiene desperdicio es “yo duermo tranquilo… duermo como un niño”. Esto lo dijo el presidente Nicolás Maduro en respuesta a la periodista Christiane Amanpour de CNN, cuando esta lo entrevistó en Miraflores en medio de las protestas de inicios de este año que ya dejaba un saldo lamentable de muertos, heridos y violaciones de derechos humanos. Imagino que sigue durmiendo tranquilo por estos días.

Pero tal vez la más desafortunada, pero por lo risible, fue proferida recientemente por Rafael Ramírez, como lo mencioné al principio. En medio de la crisis generada por la mora del gobierno de Nicolás Maduro con aerolíneas internacionales y ante los anuncios de muchas de estas de suspender próximamente sus operaciones desde y hacia el país, al presidente de PDVSA no se le ocurrió otra cosa que decir en una rueda de prensa en Maracaibo que las líneas aéreas estaban “desviando aviones para el Mundial de fútbol, pero no es que se están yendo del país". Los comentarios y las burlas en Twitter y otras redes no se hicieron esperar.

Estas son apenas unas frases de muchas que han sido lanzadas al aire y en muchas oportunidades han caído en el olvido. Lo único que podemos tener seguro es que vienen más mientras este gobierno continúe y que cada día serán más jocosas y desafortunadas. En esta materia siempre se superan. La competencia por la estatuilla, si la hubiera, parece ser a muerte.

Daniel González

@GonzalezGDaniel

martes, 20 de mayo de 2014

Infografía: La crisis de las aerolíneas en números

Unas 24 aerolíneas estarían afectadas por la cesación de pagos del Gobierno que preside Nicolas Maduro. La deuda total, según la IATA, ascendería a USD 4 mil millones y tan solo en el último mes, esta se habría incrementado en USD 100 millones. El total de la deuda es equivalente al 20% de las reservas internacionales en poder del BCV. Aerolíneas como Air Canada, Alitalia y Lufthansa han anunciado medidas de suspensión de vuelos y ventas de boletos desde y hacia Venezuela. 

domingo, 18 de mayo de 2014

Infografía: Inflación acumulada a abril llegaría a 16,4%

Del Banco Central de Venezuela confirmar la cifra extraoficial difundida del INPC en abril (5,7%), la variación anualizada se ubicaría en 61,5%, mientras que lo acumulado en lo corrido del año ascendería a 16,4%. Al cierre de esta nota, el Banco Central tiene 8 días de retraso en la publicación del índice, violando así de manera flagrante la norma sobre la materia.

lunes, 12 de mayo de 2014

Chávez, Maduro y el Gato de Cheshire

“¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?, preguntó. Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar, dijo el Gato de Cheshire. No me importa mucho el sitio, respondió Alicia. Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes, le contestó el Gato”. Cualquiera que haya leído el famoso cuento Alice's Adventures in Wonderland de Lewis Carroll, recuerda lo que para mí es uno de los diálogos más memorables de esta historia y que reviste un asunto transcendental según el Gato de Cheshire, si no sabes a dónde diablos vas, no importa el endemoniado camino que tomes.
Lo que viene ocurriendo en esta Venezuela, otrora tierra de gracia y hoy convertida en tierra de des-gracia, me hizo recordar ese diálogo. No sé por qué, pero pensé en un Hugo Chávez al inicio de su gobierno preguntando al Gato qué camino debía tomar para sacar adelante una revolución y ante la respuesta del minino, el expresidente hubiese replicado, muy a su estilo, algo así como que lo que importaba es que fuera una revolución. Lo demás es historia patria. Nadie tenía la menor idea de a qué lugar se quería llegar y sin un camino claro y sin brújula llegamos a esto. Un país cuyo día a día parece un cuento de terror, donde el presidente de PDVSA habla de un modelo económico exitoso que no existe ni en sus sueños. Una “potencia económica” en la que sus ciudadanos no conseguimos papel tualé. Un “destino chévere” donde o nos mata el hampa que aguarda acechante en nuestras oscuras autopistas o morimos en un hueco de carretera. Sí, Venezuela es hoy una copia fiel y exacta de lo improvisado, de lo no planificado. Un ejemplo claro de que cuando no se sabe a dónde ir, se puede llegar a cualquier parte.

Pero si Chávez dio tumbos para meternos en esta revolución sin rumbo, formas ni sustancia, Nicolás Maduro no tiene competencia en eso de no saber si sacarnos o seguir hundiéndonos. Uno de esos ejemplos claros del disparate que vivimos hoy es el caso de la regulación de los alquileres de locales comerciales. Todos recordamos el desmadre de finales de 2013. El acaben con todo que luego convirtió decenas de tiendas en una sombra triste de sus buenos tiempos. Se buscaban votos y qué mejor manera de encontrarlos que rebajando a la fuerza precios de neveras, lavadores, televisores y ropa de marca. Pero el abuso no llegó hasta ahí. Este gobierno no conoce de decencias ni utiliza guantes de seda. Con la fiebre cazavotos, en la gaceta oficial del 29 de noviembre de ese año, apareció publicado un decreto con rango, valor y fuerza de ley que entre otras minucias y sin ningún tipo de estudio previo, estableció el canon máximo de arrendamiento de locales comerciales en 250 mil bolívares el metro cuadrado. Asimismo estableció que el condominio no podía exceder del 25% del monto del canon máximo mensual. Esto fue a lo malandro, como nos tienen acostumbrados, pues. Los centros comerciales alzaron la voz y nadie les paró hasta que llegó enero y la realidad empezó a imponerse. Caminar de noche por los grandes malls de la ciudad daba miedo, literalmente. Uno sentía que caminaba por un cementerio de tiendas, negocios que habían muerto en su versión capitalista y habían pasado a la “mejor vida” del modelo económico “exitoso” de Rafael Ramírez. Pero como cuando no se sabe a dónde ir a veces hay que devolverse, el decreto, que más que un decreto es un absurdo en tinta, pudiera ser derogado.

Días antes de escribir esta nota, Aquiles Martini, presidente de la Cámara Inmobiliaria de Venezuela, anunciaba que tras las negociaciones entre la Cámara que preside y el Ministerio de Vivienda y Hábitat, anunciaba que el decreto 602 de la Ley de Arrendamiento podría ser derogado. Amanecerá y veremos. Y quien quiera otro ejemplo de cosas que anuncian y que nunca aplican, recuerden lo que ocurrió con los famosos seguros de viaje. Hasta el día de hoy la normativa sigue suspendida.

Esperemos que un día la improvisación deje de ser la regla en la política de este país y se sepa exactamente a dónde se quiere ir y el camino para llegar. Sueño con el día en que alguien, quien sea, tenga un diálogo así con el mismo Gato de Cheshire: ¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para tener una mejor Venezuela?, preguntó. Esto depende en gran parte de qué tan mejor la quieres, dijo el Gato. La quiero próspera, rica, con seguridad. Abastecida, respondió. Entonces sigue este camino: dialoga, abre los mercados, atrae inversiones, garantiza los derechos de propiedad…, dirá el Gato.


Daniel González G.